El desafío ambiental de las empresas
¿Cuál debe ser el rol de la empresa ante el desafío ambiental?
04/02/2020 - Por: - En: Sinergias empresariales - No hay comentarios

Las empresas son agentes de cambio y, como tales, no pueden permanecer indiferentes ante el desafío ambiental. Son una parte necesaria de la solución, y muchas de ellas ya son conscientes. De hecho, según el informe presentado por la Red Española del Pacto Mundial, el 86% del IBEX está comprometido con los ODS.

Ser sostenible es rentable

Y así lo demuestra el informe de Corporate Knights “Global 100 Most Sustainable Corporations in the World”. Con el análisis de 7.500 compañías con ingresos de más de mil millones de dólares deja claro que invertir en un modelo sostenible es rentable y eficiente. Según los propios analistas, apostar por la sostenibilidad genera iguales o mayores retornos de inversión que no hacerlo, y favorece la longevidad de las compañías.

Además, un aumento de la responsabilidad empresarial redunda en más confianza por parte de clientes, de proveedores y de la propia sociedad. La razón es clara: la empresa ya no solo persigue un fin económico o productivo, también trabaja para cuidar del medio ambiente y mejorar la sociedad. Y esto es algo cada vez más valorado.

¿Cómo puede afrontar mi empresa el desafío ambiental?

A partir de la década de los 90, las organizaciones del sector verde empezaron a sistematizar las cuestiones ambientales con instrumentos como la ISO 14001 o la norma EMAS. Pero ha tenido que afianzarse el concepto de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) para que las empresas contemplen el triple balance. Es decir, el equilibrio entre el aspecto económico, el social y el ambiental como algo imprescindible para el éxito del negocio.

Para enfrentar los retos medioambientales se debe apostar por el control de riesgos, las fuentes de financiación que pongan primero los criterios de sostenibilidad y el cumplimiento de la legislación ambiental. Muchas empresas se plantean, además, el desafío ambiental y la mayor conciencia de la ciudadanía ante la crisis climática como una oportunidad de mercado. Así, eligen:

  • Apostar por la eficiencia energética a lo largo de toda la cadena de producción. Esto implica invertir en innovación, así como en aislamiento térmico, en medidas inteligentes climáticamente para reducir las emisiones, etc.
  • Reducir la huella de carbono en procesos, servicios y productos.
  • Optar por proveedores respetuosos con el medio ambiente.
  • Señalar objetivos para la reducción de las emisiones con planes integrales que incluyen el empleo de energías renovables.
  • Implicarse con empresas responsables y colaborar en proyectos sostenibles.

Los beneficios de una buena gestión ambiental son múltiples: desde la mejora de la imagen corporativa, a mayores ventas (los productos y servicios verdes cada vez son más demandados), el ahorro y mejor gestión de recursos, la prevención de riesgos medioambientales, el cumplimiento de la normativa evitando sanciones, el aumento de la motivación y compromiso de los empleados…

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