La huella ecológica
La huella ecológica: un indicador para hacer frente a la crisis climática
08/05/2020 - Por: - En: Noticias - No hay comentarios

La huella ecológica es un indicador de sostenibilidad para calcular el impacto ambiental de una actividad, producto o servicio. Se expresa en hectáreas de superficie productiva (gha) o bien en cantidad de emisiones de CO2 generadas. En el primer caso, se mide cuántas hectáreas hacen falta para generar los recursos naturales con los que llevar a cabo una actividad y gestionar sus residuos. En resumen, permite evaluar de forma objetiva el impacto medioambiental.

Todo esto alude a la conocida como huella ecológica de Rees y Wackernagel, concepto surgido en 1996 con la intención de medir el impacto ambiental de un territorio. Ya en el año 2000 se empieza a adaptar este indicador a empresas y organizaciones de todo tipo, extrayendo la conclusión a partir de las cifras de consumo de energía, material y servicios. El resultado se expresa en toneladas de CO2 emitidas, la conocida como huella de carbono.

La huella ecológica corporativa y el análisis del ciclo de vida: las normas ISO 1440/44

La huella ecológica corporativa es la adaptación que nos permite medir el impacto de organizaciones y empresas. Su aplicación genera una especie de efecto dominó. De esta manera, la empresa se esforzará en adquirir productos y servicios con una huella baja, buscando así proveedores con una mayor eficiencia ambiental. En un contexto en el que tanto las personas consumidoras como la legislación exige un rol responsable a las empresas ante el desafío climático, utilizar esta medición se hace imprescindible, cobrando especial protagonismo en las políticas de RSC.

La base del cálculo de la huella ecológica es dividir el consumo entre la productividad. Pero, además de la bien conocida huella de carbono, hay varios indicadores más según los objetivos del análisis. Por ejemplo, la huella hídrica, con la que se mide el consumo de agua en función de su disponibilidad en el territorio y la contaminación que genera utilizarla.

Con las normas ISO 1440/44 se aplica la metodología de evaluación ambiental al ciclo de vida de un producto y se certifica su estudio. Así, se analizan y cuantifican los aspectos ambientales y los impactos potenciales de un producto o servicio a lo largo de todas sus etapas de vida. Es el denominado análisis del ciclo de vida (ACV), que comprende desde la adquisición de la materia prima, a la producción, uso, tratamiento final, reciclado y disposición final. Estas normas internacionales también se utilizan para comparar productos entre sí. Con ellas se consiguen ventajas como:

  • Identificar oportunidades de mejora a nivel ambiental en las fases de diseño y desarrollo para ajustar.
  • Definir prioridades a la hora de planificar la estrategia del producto.
  • Elegir los indicadores ambientales y las técnicas de medición más ajustadas.
  • Ejecutar estrategias de marketing verde o ecológico, por ejemplo a la hora de elegir el etiquetado ambiental, realizando una declaración ambiental del producto, etc.

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